Erase una vez, Tu, Yo, Todos...

En estos tiempos seguramente hay momentos de todos los tipos. Están los de descanso, los del estrés, los del cuidado de los niños, los de la cocina, los de criticar a los gobiernos y a la gente que sale en estampida a la calle, y como no, los de la queja.

La pregunta es:

¿Dedicas alguno a tu crecimiento personal, intelectual, profesional, o a realizar alguna actividad que te ayude a conectar con el deseado "sentido de la vida"?

¿O solo te dedicas a expresar que hay momentos para todo, pero tú estás condenado a no tener tiempo?

A veces, sin darnos cuenta, y digo esto sin el ánimo de ofender a nadie, solo nos dedicamos a observar la vida, sus sucesos y las mareas que nos llevan y nos traen, pero cuando se trata de ver hacia adentro y cambiar el diálogo interior de "automachaque" y " señalamientos", por la mirada autorreflexiva y todo lo que si podemos hacer para que el tiempo no pase en vano, nos decantamos por la ley del mayor esfuerzo hacia el exterior (quejas, reclamos, juicios e impotencia).

¡Error garrafal! Porque otra vez, "sin darte cuenta", pones tu bienestar, tu porvenir o como quieras llamarle, en manos de los demás.

Es una lastima cómo es más fácil mostrar todo lo que nos hace daño y nos impide avanzar, que la mirada hacia adentro para autogestionar aquello a lo que llamamos inocentemente "suerte".

Si, ya sé. Me dirás que no sabes lo que hacer... Que tal si empiezas por apagar la tele (que entre otras cosas, muchos de los que están en ella, tienen bastante bien definida su situación y tienen la posición, la fama, el dinero que tanto deseas y por eso les admiras), buscas el canal de Youtube, el artículo o el libro que toque a la puerta de tu creatividad o de tu sótano personal donde algún día dejaste guardados tus sueños y te das la oportunidad de hacer un viaje al lugar maravilloso donde nacen las ideas y los grandes pensamientos, para así darte cuenta que tu vida está en tus manos y en las de nadie más.

Hay muchos antes de nosotros, que también se sintieron acorralados, pobres y sin sentido. Solo que muchos de ellos, a pesar de todo lo que los empujaba a la desesperación, decidieron empezar el viaje hacia su interior, reconocieron allí su gran potencial y se atrevieron a ser locos ante el mundo.

Y ¿sabes que? No tengo la menor duda:

¡VALEMOS PARA SER LOS PRÓXIMOS!

Soy Claudia Díaz y ReInvento Vidas


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